Terremoto en Venezuela: 3 factores que explican por qué se derrumbaron tantos edificios en La Guaira

Internacional

“Es como si un altavoz amplificara la música. El mismo sonido que en una roca se oiría suave, en ese tipo de suelo se convierte en ensordecedor”, explica el geólogo Luis Melo.

Hacia una reconstrucción segura

El Gobierno venezolano ha prometido actualizar la normativa sísmica y crear un registro nacional de edificaciones en zonas de riesgo. Pero expertos y ONG coinciden en que “sin una reforma profunda del urbanismo y un plan de reasentamiento, la próxima catástrofe será igual o peor”, concluye Suárez.

El caso del edificio Kromi, de 14 plantas, es paradigmático: levantado en 2014 en una zona donde estaba prohibido edificar más de 5 plantas, se derrumbó por completo durante el primer seísmo dejando 47 muertos.

Una normativa sísmica obsoleta

La normativa sísmica venezolana data de 1998, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). “Es una normativa razonable para su época, pero está 25 años por detrás de las actualizaciones que han hecho países como Chile, Japón o México”, señala el sismólogo Roberto Betancourt.

Tras los terremotos de 2010 en Haití, Chile y México, esos tres países actualizaron sus códigos de construcción. Venezuela, en cambio, no ha modificado su normativa desde 2001.

El suelo que amplifica el seísmo

El suelo de La Guaira está formado principalmente por derrubios sedimentarios procedentes de la cordillera de la Costa, materiales blandos que amplifican las ondas sísmicas entre 3 y 5 veces respecto a zonas de roca firme, según un estudio de la Universidad Central de Venezuela.

“Es como si un altavoz amplificara la música. El mismo sonido que en una roca se oiría suave, en ese tipo de suelo se convierte en ensordecedor”, explica el geólogo Luis Melo.

Hacia una reconstrucción segura

El Gobierno venezolano ha prometido actualizar la normativa sísmica y crear un registro nacional de edificaciones en zonas de riesgo. Pero expertos y ONG coinciden en que “sin una reforma profunda del urbanismo y un plan de reasentamiento, la próxima catástrofe será igual o peor”, concluye Suárez.

Los terremotos que sacudieron el centro-norte de Venezuela el pasado 9 de julio dejaron un balance devastador en La Guaira, la región más afectada por la catástrofe. El 80% de los edificios colapsados y más del 70% de las víctimas mortales se concentran en este estado costero, según los últimos datos oficiales ofrecidos por el Gobierno venezolano.

Los expertos consultados por Reuters identifican tres factores principales que explican la magnitud de la devastación: la construcción informal sin permisos en zonas de riesgo, la obsolescencia de las normas sismorresistentes y la especial vulnerabilidad del tipo de suelo de La Guaira, formado por derrubios sedimentarios que amplifican las ondas sísmicas.

El factor construcción informal

Según el Colegio de Ingenieros de Venezuela, cerca del 60% de las construcciones en La Guaira son informales, levantadas sin permisos ni supervisión técnica. “Muchas de estas edificaciones estaban en zonas declaradas de riesgo sísmico alto, pero fueron autorizadas mediante excepciones municipales”, explicó a Reuters el ingeniero Carlos Suárez.

El caso del edificio Kromi, de 14 plantas, es paradigmático: levantado en 2014 en una zona donde estaba prohibido edificar más de 5 plantas, se derrumbó por completo durante el primer seísmo dejando 47 muertos.

Una normativa sísmica obsoleta

La normativa sísmica venezolana data de 1998, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). “Es una normativa razonable para su época, pero está 25 años por detrás de las actualizaciones que han hecho países como Chile, Japón o México”, señala el sismólogo Roberto Betancourt.

Tras los terremotos de 2010 en Haití, Chile y México, esos tres países actualizaron sus códigos de construcción. Venezuela, en cambio, no ha modificado su normativa desde 2001.

El suelo que amplifica el seísmo

El suelo de La Guaira está formado principalmente por derrubios sedimentarios procedentes de la cordillera de la Costa, materiales blandos que amplifican las ondas sísmicas entre 3 y 5 veces respecto a zonas de roca firme, según un estudio de la Universidad Central de Venezuela.

“Es como si un altavoz amplificara la música. El mismo sonido que en una roca se oiría suave, en ese tipo de suelo se convierte en ensordecedor”, explica el geólogo Luis Melo.

Hacia una reconstrucción segura

El Gobierno venezolano ha prometido actualizar la normativa sísmica y crear un registro nacional de edificaciones en zonas de riesgo. Pero expertos y ONG coinciden en que “sin una reforma profunda del urbanismo y un plan de reasentamiento, la próxima catástrofe será igual o peor”, concluye Suárez.

El caso del edificio Kromi, de 14 plantas, es paradigmático: levantado en 2014 en una zona donde estaba prohibido edificar más de 5 plantas, se derrumbó por completo durante el primer seísmo dejando 47 muertos.

Una normativa sísmica obsoleta

La normativa sísmica venezolana data de 1998, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). “Es una normativa razonable para su época, pero está 25 años por detrás de las actualizaciones que han hecho países como Chile, Japón o México”, señala el sismólogo Roberto Betancourt.

Tras los terremotos de 2010 en Haití, Chile y México, esos tres países actualizaron sus códigos de construcción. Venezuela, en cambio, no ha modificado su normativa desde 2001.

El suelo que amplifica el seísmo

El suelo de La Guaira está formado principalmente por derrubios sedimentarios procedentes de la cordillera de la Costa, materiales blandos que amplifican las ondas sísmicas entre 3 y 5 veces respecto a zonas de roca firme, según un estudio de la Universidad Central de Venezuela.

“Es como si un altavoz amplificara la música. El mismo sonido que en una roca se oiría suave, en ese tipo de suelo se convierte en ensordecedor”, explica el geólogo Luis Melo.

Hacia una reconstrucción segura

El Gobierno venezolano ha prometido actualizar la normativa sísmica y crear un registro nacional de edificaciones en zonas de riesgo. Pero expertos y ONG coinciden en que “sin una reforma profunda del urbanismo y un plan de reasentamiento, la próxima catástrofe será igual o peor”, concluye Suárez.

Los terremotos que sacudieron el centro-norte de Venezuela el pasado 9 de julio dejaron un balance devastador en La Guaira, la región más afectada por la catástrofe. El 80% de los edificios colapsados y más del 70% de las víctimas mortales se concentran en este estado costero, según los últimos datos oficiales ofrecidos por el Gobierno venezolano.

Los expertos consultados por Reuters identifican tres factores principales que explican la magnitud de la devastación: la construcción informal sin permisos en zonas de riesgo, la obsolescencia de las normas sismorresistentes y la especial vulnerabilidad del tipo de suelo de La Guaira, formado por derrubios sedimentarios que amplifican las ondas sísmicas.

El factor construcción informal

Según el Colegio de Ingenieros de Venezuela, cerca del 60% de las construcciones en La Guaira son informales, levantadas sin permisos ni supervisión técnica. “Muchas de estas edificaciones estaban en zonas declaradas de riesgo sísmico alto, pero fueron autorizadas mediante excepciones municipales”, explicó a Reuters el ingeniero Carlos Suárez.

El caso del edificio Kromi, de 14 plantas, es paradigmático: levantado en 2014 en una zona donde estaba prohibido edificar más de 5 plantas, se derrumbó por completo durante el primer seísmo dejando 47 muertos.

Una normativa sísmica obsoleta

La normativa sísmica venezolana data de 1998, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). “Es una normativa razonable para su época, pero está 25 años por detrás de las actualizaciones que han hecho países como Chile, Japón o México”, señala el sismólogo Roberto Betancourt.

Tras los terremotos de 2010 en Haití, Chile y México, esos tres países actualizaron sus códigos de construcción. Venezuela, en cambio, no ha modificado su normativa desde 2001.

El suelo que amplifica el seísmo

El suelo de La Guaira está formado principalmente por derrubios sedimentarios procedentes de la cordillera de la Costa, materiales blandos que amplifican las ondas sísmicas entre 3 y 5 veces respecto a zonas de roca firme, según un estudio de la Universidad Central de Venezuela.

“Es como si un altavoz amplificara la música. El mismo sonido que en una roca se oiría suave, en ese tipo de suelo se convierte en ensordecedor”, explica el geólogo Luis Melo.

Hacia una reconstrucción segura

El Gobierno venezolano ha prometido actualizar la normativa sísmica y crear un registro nacional de edificaciones en zonas de riesgo. Pero expertos y ONG coinciden en que “sin una reforma profunda del urbanismo y un plan de reasentamiento, la próxima catástrofe será igual o peor”, concluye Suárez.

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