La Sociedad Española de Nefrología (SEN) y la Sociedad Española de Diabetes (SED) presentaron este miércoles un posicionamiento conjunto en el que piden a clínicos y autoridades sanitarias optimizar la protección renal de los pacientes con enfermedad renal crónica (ERC), diabetes tipo 2 y obesidad desde las etapas más tempranas. Las dos sociedades científicas sostienen que el abordaje aislado de cada una de estas patologías está dejando fuera a miles de pacientes que evolucionan hacia insuficiencia renal avanzada cuando llegan por primera vez a la consulta de nefrología.
Por qué la triple intersección preocupa a los especialistas
La coexistencia de ERC, diabetes tipo 2 y obesidad no es un escenario clínico excepcional: según datos del estudio Di@betes.es, entre el 30% y el 40% de los pacientes con diabetes tipo 2 presentan algún grado de enfermedad renal crónica, mientras que la prevalencia de obesidad en adultos con ERC supera el 25% en las cohortes españolas seguidas en atención nefrológica.
El peso real de la ERC en España
La SEN estima que la ERC afecta a unos 7 millones de personas en España, aunque cerca del 40% de los casos están sin diagnosticar. La enfermedad se asocia a una mortalidad cardiovascular hasta 10 veces superior a la de la población general y consume alrededor del 3% del gasto sanitario público, según el último informe de la organización. Cuando un paciente con ERC y diabetes tipo 2 alcanza la fase 4 —filtrado glomerular inferior a 30 ml/min/1,73 m²— las opciones terapéuticas se reducen y el riesgo de entrada en diálisis se multiplica.
Obesidad como factor amplificador
La SED recuerda que la obesidad no solo multiplica por entre 2 y 4 el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, sino que también acelera la progresión de la ERC a través de mecanismos hemodinámicos, inflamatorios y metabólicos. Una pérdida de peso del 5% al 10% se asocia, según diferentes ensayos clínicos, a una reducción media de 2 ml/min/año en la caída del filtrado glomerular, suficiente para retrasar la entrada en diálisis en varios años.
Tres pilares del nuevo posicionamiento clínico
El documento difundido por ambas sociedades propone reorganizar la atención en torno a tres ejes: cribado precoz, tratamiento combinado y educación terapéutica. El objetivo declarado es «romper el circuito diagnóstico tardío» que, según los firmantes, sigue caracterizando al paciente cardiorrenal metabólico en España.
Cribado anual con albuminuria y filtrado glomerular
Las guías KDIGO 2024 ya recomiendan medir al menos una vez al año la ratio albúmina/creatinina en orina y el filtrado glomerular estimado en personas con diabetes tipo 2 u obesidad de larga evolución. La SEN y la SED instan a que ese cribado se incorpore de forma sistemática en los contratos programa de atención primaria y a que se financien los inhibidores de SGLT2 y los antagonistas del receptor de mineralocorticoide no esteroideo como herramienta de primera línea, incluso antes de que aparezca albuminuria significativa.
Tratamiento integral, no por enfermedades aisladas
El segundo pilar aboga por un «plan terapéutico único» que coordine endocrinología, nefrología, atención primaria y nutrición. «No se puede tratar la diabetes tipo 2 con un fármaco, la obesidad con otro y la ERC con un tercero, sin hablar entre sí», resumen los portavoces de ambas sociedades en el comunicado. La integración pasa por unidades funcionales cardiorrenales metabólicas, un modelo que ya funciona en algunos hospitales terciarios y que las dos entidades piden extender al menos a los centros de referencia de cada comunidad autónoma.
Educación al paciente y adherencia farmacológica
El tercer eje se centra en la formación del paciente. La SED cifra entre el 30% y el 50% la tasa de adherencia insuficiente a tratamientos crónicos en personas con diabetes tipo 2, una cifra que se reduce a la mitad cuando existe un programa estructurado de educación diabetológica y renal. El posicionamiento reclama incorporar coaching nutricional, seguimiento por enfermería especializada y herramientas digitales de autocontrol financiadas por el sistema público.
Qué fármacos recomienda el nuevo consenso
El posicionamiento se apoya en la evidencia generada por los ensayos EMPA-KIDNEY, FLOW y FIDELIO-DKD para reclamar un uso más temprano de cuatro familias farmacológicas: inhibidores de SGLT2 (dapagliflozina, empagliflozina), agonistas del receptor de GLP-1 (semaglutida, tirzepatida), antagonistas del receptor de mineralocorticoide no esteroideo (finerenona) e IECA o ARA II a dosis renoprotectoras.
SGLT2 y GLP-1, la dupla con más evidencia
Los iSGLT2 demostraron una reducción del riesgo de progresión renal del 30% al 40% en pacientes con y sin diabetes, según los resultados agregados de EMPA-KIDNEY y DAPA-CKD. Los GLP-1, además de mejorar el control glucémico y reducir una media de 8 a 15 kg de peso en ensayos de más de un año, han mostrado un descenso del 20% en eventos renales compuestos. La combinación de ambas familias, según los autores del documento, ofrece un perfil de protección que ninguna de las dos logra por separado.
Finerenona, la pieza que completa el puzzle
La finerenona, comercializada en España desde 2022, se reserva para pacientes con ERC y diabetes tipo 2 que ya presentan albuminuria persistente a pesar de IECA o ARA II. Los ensayos FIDELIO-DKD y FIGARO-DKD redujeron en torno al 18% el riesgo combinado de fallo renal, muerte renal y caída sostenida del filtrado glomerular. El posicionamiento aboga por «no retrasar su introducción más allá de la segunda línea».
Qué piden a las administraciones sanitarias
Además del plano clínico, el documento fija demandas concretas al Ministerio de Sanidad y a las consejerías autonómicas: financiación pública de los programas estructurados de cribado, acceso homogéneo a las terapias renoprotectoras con independencia de la comunidad autónoma y reconocimiento de las unidades cardiorrenales metabólicas como servicio con cartera de servicios propia.
Una hoja de ruta con plazos
La SEN y la SED proponen un calendario de aplicación de 18 meses, con una primera fase de actualización de los protocolos autonómicos de atención al paciente con ERC y diabetes, una segunda fase de despliegue de unidades funcionales en hospitales de referencia y una tercera fase de evaluación de resultados en salud. El objetivo final, según ambas sociedades, es reducir en un 20% la tasa de pacientes que inician diálisis con un primer contacto tardío con nefrología, un indicador que en algunas comunidades supera el 40%.
El reto demográfico y la próxima década
España encara un envejecimiento acelerado: la proporción de mayores de 65 años pasará del 20% actual a más del 30% en 2053, según las proyecciones del INE. Ese cambio demográfico hará crecer la prevalencia de ERC, diabetes tipo 2 y obesidad de forma simultánea, lo que convierte la prevención renal en una prioridad estructural, no solo clínica. «Lo que hagamos en los próximos cinco años determinará cuántas personas necesitarán diálisis en 2035», advirtió la presidenta de la SEN en la rueda de prensa de presentación del posicionamiento.
La SEN y la SED confían en que el nuevo marco sea incorporado en la próxima actualización de la Estrategia Nacional de Enfermedades Raras y, sobre todo, en el Plan de Atención a la Cronicidad que varias comunidades están revisando. Queda por ver si el Ministerio de Sanidad, que ya trabaja en una actualización del plan de abordaje de la ERC, recogerá estas demandas en la versión final prevista para los próximos meses.
Este artículo es informativo y no sustituye el consejo médico profesional.
Fuentes y referencias
Este artículo es informativo y no sustituye el consejo médico profesional. Si tienes síntomas o dudas de salud, consulta con un médico o farmacéutico.