El acuerdo firmado este viernes entre Estados Unidos e Irán ha abierto un intenso debate internacional sobre si realmente ha servido para algo. La pregunta es inevitable: ¿para qué sirvió la guerra de los últimos tres meses entre ambos países si al final se ha firmado un pacto similar al que ya estaba sobre la mesa antes del conflicto?
El acuerdo, alcanzado en Doha tras cinco rondas de negociaciones indirectas, contempla el compromiso iraní de congelar el enriquecimiento de uranio al 60% durante cinco años y el levantamiento progresivo de sanciones a cambio. Es, en esencia, una versión actualizada del pacto de 2015 del que Trump retiró a Estados Unidos en 2018.
Lo que cambió en tres meses
Para el gobierno iraní, el acuerdo “salva lo que se podía salvar” del JCPOA original. Teherán asegura que ha conseguido garantías internacionales adicionales, fondos congelados en el extranjero por valor de 6.000 millones de dólares y un compromiso de no agresión que no estaba en el pacto de 2015.
Para la Administración Trump, el acuerdo demuestra que “la máxima presión” funciona y que la crisis “ha tenido un coste para Irán que se traduce en términos concretos en este pacto”. El inquilino de la Casa Blanca llegó a asegurar este domingo que “hemos conseguido más en tres meses que los anteriores presidentes en tres décadas”.
Las consecuencias humanas
El conflicto de los últimos tres meses se cobró la vida de 412 personas, según el último balance del Comité Internacional de la Cruz Roja, y obligó a desplazar a más de 80.000 personas en la región del Golfo. La destrucción de infraestructuras energéticas y portuarias en ambos países se estima en más de 12.000 millones de dólares.
El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados ha pedido que el acuerdo incluya “mecanismos efectivos de reparación” para las víctimas civiles y que se garantice el acceso humanitario a las zonas afectadas.
Próximos pasos
La primera ronda de descongelación de fondos se hará efectiva este lunes, mientras que las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) arrancarán el próximo 1 de agosto. La primera reunión bilateral de seguimiento está prevista para el 15 de agosto en Ginebra.
Analistas consultados por Reuters coinciden en que el verdadero reto del acuerdo no está en su firma, sino en su cumplimiento. “Hemos visto muchos acuerdos sobre el programa nuclear iraní firmados y luego incumplidos. La clave estará en la verificación”, señala la politóloga Trita Parsi, del Quincy Institute.